Autopista TARIM en China

Construida entre las impresionantes dunas del desierto de Takilmakán, vocablo que en lengua uigur significa “si entras, no podrás salir”.

Es la autopista más larga del mundo que atraviesa un desierto (522km). Es un auténtico logro de la ingeniería, ya que los constantes avances de las dunas devoraban la carpeta asfáltica.

Un escudo protector verde y ecológico compuesto por pequeños árboles y matorrales que crece en los laterales de la autopista y que mantiene despejado el asfalto, frenando el avance de la arena impulsada por el viento. Desde las alturas parece que la línea gris de la carretera esté bordeada a ambos lados por sendas alfombras verdes, finas e interminables. Y el resto del paisaje, dunas marrones. Todo un prodigio ingeniero-biológico.
Sin embargo, la vegetación no podría sobrevivir por sí misma en un lugar tan árido, de modo que requiere de continuos cuidados humanos: un ejército de horticultores que se dedican exclusivamente a proteger esta franja verde. Los protectores de estas plantas se ocupan sobre todo de mantener operativo el sistema de riego por goteo que permite a la vegetación continuar por vida. Cada persona encargada de esta labor debe vivir aislada a la vera de la autopista, con la única compañía de otro trabajador como él. Cada pareja de soporte de la infraestructura vive en una pequeña casa construida en la carretera.